Hoy en la mañana, todo iba como de costumbre, Camila encontró su caja de disfraces y saco todos. Se puso un vestido blanco, volteo y con su carita de niña buena me dijo: Quieres bailar conmigo? Obviamente me fue imposible decirle que no.

Comenzábamos a bailar y en sus ojos color miel vi emociones llenas de amor y alegría. Con cada paso y a cada vuelta tuve la certeza que sacarle esa sonrisa y compartir con ella ese momento era el trabajo mas importante y transcendente que yo pudiera estar haciendo.

Y así en una mañana tan normal me permití tener el baile mas maravilloso de mi vida, mejor incluso que el de mi propia boda. Mi esposo es el amor de mi vida y mi boda fue hermosa, pero hoy por la mañana baile en mi bata, con cara lavada y mi casa tirada, entregando todo mi amor con absolutamente nada mas en mi mente. Ese instante, tan cotidiano, se transformó en una memoria mágica que guardaré en mi corazón para siempre.

Si hubiéramos estado con un grupo de personas, seguramente mi atención hacia mi hija no hubiera sido tan plena, mi manera de disfrutar cada segundo hubiera estado interrumpida de pensamientos tontos (debería de meterme a bañar, me veo ridícula bailando con una niña, los platos están sucios etc) Que desperdicio de energía, pienso yo.

En cambio, mi hija de tres años, aun que miles y millones de personas la estuvieran viendo, (con su vestido sobrepuesto arriba del mameluco, sus botas rosas de lluvia, su cabello rizado despeinado y su carita manchada de miel), hubiera bailado exactamente igual. Estoy segura, que ella hubiera experimentado la misma alegría, sentido el mismo amor y disfrutado plenamente cada segundo conmigo. Ningún pensamiento externo a nosotras la hubiera molestado, su manera de disfrutar el momento presente es sorprendente.

Y es que, en que momento nos hacemos tan tontos? quien nos enseña a sacrificar nuestra felicidad a reserva de lo que piensen los demás?

Durante el baile, mi niña también me recordó que somos merecedores de ser amados. Ella no estaba pensando (ni le importaba) si yo estaba ocupada o si tenia otras cosas que hacer. Quiso bailar, preguntó y cuando dije que si simplemente lo tomo,y con el corazón abierto se divirtió.

Hoy me queda claro, que las lecciones mas bonitas de mi vida me las han dado mis hijas. Espero que aprendan muy poco de mi, pues llegaron del cielo absolutamente y perfectamente imperfectas. En cambio, yo me robare su manera tan cruda y hermosa de vivir en este mundo intenso y loco.

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