Entre visitas, fiestas, Navidad y Año Nuevo mi vida se volvió locura. Disfrutamos con familia y amigos, comiendo, cantando y riendo pero es bueno volver a la normalidad, hacia falta un poco de tranquilidad.

Me escape a un café, después de un mes de posadas y fiestas con mis niñas, quería tener un momento para mi, para escribir y poner mi mente en orden.

Es que el tiempo se escapa, es casi injusto. El día de navidad, envolví regalos a ultima hora, en Año Nuevo hice lo mismo, y hoy 3 de enero no tengo la más mínima idea de lo que esta pasando en mi vida y en el mundo en general.

De pronto es 2019 y yo sin resoluciones, sin metas ni objetivos, sin agenda o calendario, ni cuaderno y plumas nuevas.

Por un segundo pensé que era un desastre, pues tengo un mes sin escribir y semanas sin tomar fotos. Hasta que me di cuenta que por primera vez en mi vida deje de preocuparme por el futuro y logre disfrutar el presente.

Cada abrazo que di lo puedo sentir, aun escucho las risas y recuerdo el perfume de mis seres queridos. Cierro mis ojos y puedo ver la mirada de mis niñas la mañana de navidad y el abrazo de mi esposo de Año Nuevo.

Estas vacaciones decidí dejar mi cámara y computadora a un lado pero lo capture todo en mi corazón y guardare los recuerdos para siempre.

Sin darme cuenta me puse un propósito, estar presente. Vivir lo que es, olvidarme de lo fue y dejar de mortificarme por lo que será. Confiar.

Consciente de todas las bendiciones que me rodean, agradecida por lo que ya tengo y por lo que soy. Este año voy a vivir, no solo a existir voy hacer lo que me hace feliz.

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